El Sur 15/01/11
Moisés Alcaraz Jiménez
En una actitud que nada tiene que ver con el desarrollo democrático y la cultura cívica el PRI se victimiza a la vez que aplica las peores estrategias de la guerra sucia acusando al adversario de cometer las atrocidades que con magistral destreza es el tricolor el que las lleva a la práctica. Hace ocho días comenté desde estas páginas de El Sur que el PRI preparaba el terreno para intensificar la guerra sucia al grito de “¡al ladrón, al ladrón!”. Los lamentables hechos de esta semana lo confirman.
En este proceso electoral al tricolor hay que entenderle exactamente al revés sus denuncias: las atrocidades que desde ese partido se condenan son exactamente las que los propios priístas cometen. Se trata de un juego sucio que de tanto recurrir a él se le ha desgastado al PRI y se ha llegado al cinismo de tirar la piedra y esconder la mano.
Están acusando al adversario de todo lo que ellos cometen. Esos mismos procedimientos se han aplicado en otras entidades donde el PRI señala a sus oponentes de ser agresores cuando a la luz pública desde ese partido se agrede sistemáticamente al adversario. En este proceso electoral se ha abusado de esa estrategia al extremo que aquí en Guerrero el PRI está dando un trato de imbéciles a los electores al pensar que los ciudadanos efectivamente creen que el PRI es una especie de congregación de las Carmelitas Descalzas que sufren el asedio de la malvada izquierda.
En ese contexto se ubica el salvajismo extremo que representa la agresión a Guillermo Sánchez Nava, un hombre políticamente pulcro, ejemplo de luchador social, militante como ya hay pocos de la izquierda histórica del país y una persona que lo caracteriza siempre la serenidad de su juicio y la tranquilidad de su comportamiento.
En el mundo al revés del PRI, aunque todas las evidencias indican que bandas de delincuentes a sueldo de ese partido perpetraron ese atentado, han empezado a surgir asquerosas declaraciones, muy socorridas en el PRI ante actos criminales como éste, que pretenden culpar a los propios perredistas de haber golpeado hasta dejar casi muerto a su compañero. En este contexto de declaraciones aberrantes, se salva el secretario general del CEN del PRI, Jesús Murillo Karam, quien ha demostrado madurez política ante condenable crimen.
No fueron del PRI, fueron los propios perredistas los que atentaron contra la vida de Guillermo, parece decir Héctor Apreza con desvergüenza inaudita en su lamentable trabajo de porro golpeador que le han encomendado. Con ese nauseabundo papel pasará a la historia en el estercolero de la política. Con esas declaraciones y otras que otros priístas han hecho se enardecen más los ánimos, se enrarece más el clima electoral y en nada se contribuye a corregir el rumbo, por el contrario, se protege a los delincuentes, es de esperarse impunidad y, por lo tanto, más crímenes de odio.
Los llamados del PRI a la paz, a la civilidad y a la concordia también hay que entenderlos en la misma lógica del revés. Ya suenan preocupantes esas palabras en voz de priístas porque en la realidad pueden ser premonitorias de violencia, salvajismo y odio.
En mi artículo de hace ocho días hice referencia a encuestas filtradas desde el PRI y del PRD que coincidían milimétricamente en una ventaja de seis puntos a favor de Ángel Aguirre Rivero. Vía internet varios lectores me exigieron pruebas de lo que con tanta seguridad yo afirmé. Anteayer El Universal dio a conocer una encuesta ordenada por ese diario al parecer al despacho Parametría que justamente daba cuenta de esa diferencia a favor de Aguirre. En el mundo tricolor la semana entrante el PRI publicará una encuesta exactamente al revés a través de alguna encuestadora registrada en el órgano estatal electoral filial de María de la Heras o de Mitofsky, que se distinguen por el descrédito en el que ahora se encuentran.
En el contexto de la estrategia tricolor desde el PRI se dice que el debate del próximo día 18 del mes en curso, será de calidad y de altura, por lo tanto se espera que sea lo contrario, no tanto al momento de debatir, sino en el llamado posdebate, que lo ganará quien más dinero invierta en pagar publicidad para mentir, tergiversar y desinformar para asumirse como ganador.
Lo verdaderamente preocupante es escuchar las voces del PRI que afirman que Marcelo Ebrard ha traído a Guerrero un numeroso contingente para provocar violencia, aterrorizar a los ciudadanos, inhibir el voto y desestabilizar la jornada electoral. La sociedad y el electorado saben lo que eso significa en el discurso al revés del PRI. Por lo tanto, hay focos rojos, voz de alarma, mal augurio para lo que resta de las campañas. Los comicios verdaderamente están en riesgo y las autoridades civiles, militares y electorales deben estar preparadas para lo que se avecina.
El llamado a los ciudadanos es que no se dejen intimidar y salgan a ejercer su derecho al voto. Sólo una masiva participación social el próximo 30 de enero hará posible el cambio pacífico de nuestro gobierno y allanará el avance hacia una democracia de mejor calidad.
agorapol@hotmail.com

No hay comentarios:
Publicar un comentario