La Jornada Guerrero 14/01/11
INTOLERANCIA EN EL CONGRESO
Ayer en el Congreso se vieron dos expresiones claramente distinguidas: por una parte, los diputados priístas, y por la otra todos los demás.
Los segundos actuaron primero: los de Convergencia, PRD, PT, y PAN, más los aguirristas expulsados del PRI, expresaron una rotunda condena a las agresiones que sufrió el representante de la coalición Guerrero nos une ante el IEEG, Guillermo Sánchez Nava, y luego, en señal de protesta, salieron del recinto parlamentario.
Los priístas, después, se quedaron solos y, en voz del diputado Héctor Vicario Castrejón, calificaron como un burdo montaje la agresión que sufriera Sánchez Nava. Inclusive, el legislador que una vez soñó con ser él el candidato a la gubernatura del estado, dijo que una prueba de que no era real el daño sufrido por el perredista, era que uno de los que lo acompañaban aparece en una foto sonriendo, y que las versiones no coincidían en que si fue llevado a la ciudad de México en vehículo particular o en ambulancia, y que necesitaban el parte médico para poder pronunciarse.
Esas voces se escucharon en el Congreso.
Sin embargo, habría que hacer notar que el priísta pudo haber tenido otra actitud, como sí lo hizo la diputada Guadalupe Gómez, quien condenó la agresión. En principio, nada le costaba a Vicario sumarse también a la condena. Quizá decir que ellos no fueron o que no son responsables, si quiere. Pero salirse por la tangente de acusar que no existió la agresión parece un exceso.
No obstante, esa misma postura es la que ha asumido en general el PRI: la de decir que todo fue un montaje, y utilizar los mismos argumentos que el legislador.
Todo indica que asumir esa actitud es un error, pues los priístas se están asumiendo como ministerios públicos para calificar un delito cuando, en todo caso, deberían condenarlo y deslindarse.
Es una actitud que no abona mucho a la distensión del ambiente en un momento convulso, y en cambio sí parece encaminarse por la ruta de querer infundir miedo en los electores, como han denunciado sus adversarios.
INTOLERANCIA EN EL CONGRESO
Ayer en el Congreso se vieron dos expresiones claramente distinguidas: por una parte, los diputados priístas, y por la otra todos los demás.
Los segundos actuaron primero: los de Convergencia, PRD, PT, y PAN, más los aguirristas expulsados del PRI, expresaron una rotunda condena a las agresiones que sufrió el representante de la coalición Guerrero nos une ante el IEEG, Guillermo Sánchez Nava, y luego, en señal de protesta, salieron del recinto parlamentario.
Los priístas, después, se quedaron solos y, en voz del diputado Héctor Vicario Castrejón, calificaron como un burdo montaje la agresión que sufriera Sánchez Nava. Inclusive, el legislador que una vez soñó con ser él el candidato a la gubernatura del estado, dijo que una prueba de que no era real el daño sufrido por el perredista, era que uno de los que lo acompañaban aparece en una foto sonriendo, y que las versiones no coincidían en que si fue llevado a la ciudad de México en vehículo particular o en ambulancia, y que necesitaban el parte médico para poder pronunciarse.
Esas voces se escucharon en el Congreso.
Sin embargo, habría que hacer notar que el priísta pudo haber tenido otra actitud, como sí lo hizo la diputada Guadalupe Gómez, quien condenó la agresión. En principio, nada le costaba a Vicario sumarse también a la condena. Quizá decir que ellos no fueron o que no son responsables, si quiere. Pero salirse por la tangente de acusar que no existió la agresión parece un exceso.
No obstante, esa misma postura es la que ha asumido en general el PRI: la de decir que todo fue un montaje, y utilizar los mismos argumentos que el legislador.
Todo indica que asumir esa actitud es un error, pues los priístas se están asumiendo como ministerios públicos para calificar un delito cuando, en todo caso, deberían condenarlo y deslindarse.
Es una actitud que no abona mucho a la distensión del ambiente en un momento convulso, y en cambio sí parece encaminarse por la ruta de querer infundir miedo en los electores, como han denunciado sus adversarios.

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